BENZODIACEPINAS Y ALCOHOL - ADDICION A LAS SUSTANCIAS QUINTA PARTE
TRASTORNOS POR ABUSO Y DEPENDENCIA DE SUSTANCIAS (quinta parte)
ABUSO Y ADICCIÓN A LAS BENZODIACEPINAS.
La
principal causa de consumo de los medicamentos inductores de sueño es la
iatrogenia (afección que es inducida directa o indirectamente por el médico).
Existen diferentes sustancias que son consideradas como hipnóticos o inductores
de sueño, dentro de las que destacan: barbitúricos, benzodiacepinas e
inductores de sueño no benzodiacepínicos. Todos ellos actúan en un sitio
preciso en el cerebro que es el receptor GABA-A, el cual forma parte del
sistema de receptores del ácido gama amino butírico (GABA). Este
neurotransmisor tiene funciones de tipo inhibitorias en el Sistema Nervioso
Central (SNC). En el receptor GABA-A existen varios sitios de unión a
diferentes sustancias, de los cuales destacan:
benzodiacepinas (BZD),
barbitúricos y alcohol, todos los cuales suman el efecto inhibitorio del
GABA.
Las BZD
fueron sintetizadas en la década de los años treinta del siglo XX, y fueron
comercializadas en los años cincuenta. Son moléculas muy liposolubles que
cruzan rápidamente las biomembrana, por lo que pueden llegar al SNC en forma
eficaz cuando se administran por vía oral. El perfil farmacológico de estas
moléculas es diverso, destacan los efectos relajante muscular, anticonvulsivos,
ansiolíticos e hipnóticos. Por tal motivo tienen indicaciones médicas bien
precisas en problemas que tienen que ver con necesidades de relajación
muscular, detener y controlar crisis convulsivas, para el manejo de las
diferentes formas de ansiedad y en insomnio. Son sustancias muy seguras, desde
el punto de vista de la distancia que existe entre sus dosis terapéuticas y las
dosis letales, y son bien toleradas. Sin embargo, se ha registrado un aumento
de su consumo, vinculadas a las alteraciones primarias por la que fueron
prescritas, de estas destaca la alteraciones como el insomnio y en los
trastornos por ansiedad.
El efecto
de las BZD en el sueño se ha reportado como que mejoran en general la
eficiencia del sueño, esto es menor número de despertares, latencia acortada a
inicio de sueño y por otro lado producen inicialmente, disminución del llamado
sueño de movimientos oculares rápidos (SMOR) (aunque luego se presenta una
tolerancia a esta disminución con un rebote o incremento del SMOR que se
caracteriza clínicamente, por aumento de ensoñaciones). Este efecto sobre el
sueño, es logrado por BZD que son de vida media corta, con lo cual no hay
efecto de sedación residual diurna. Estos efectos inductores de sueño son de
corta duración, ya que se crea tolerancia a los mismos, de tal forma que se
necesita aumentar la dosis de la BZD de manera paulatina. Este aumento se ve
complicado por otros fenómenos que mantienen el consumo de BZD por un largo
tiempo y que pueden llevar a estados de dependencia y supresión que han sido
definidos por el DSM-IV-TR. Algunas de
las situaciones que mantienen el uso de BZD son: (1) Estados de ansiedad
vespertinos; (2) Insomnio de “rebote”; (3) Tolerancia e incremento de dosis;
(4) Efectos reforzadores positivos.
Algunos de
los efectos secundarios del uso crónico de BZD son: sedación y somnolencia,
sensación de “cabeza ligera”, caídas, confusión mental, apatía, episodios
amnésicos, aumento de episodios de apnea obstructiva del sueño, conductas
paradójicas de hostilidad, ansiedad e insomnio por supresión. El abuso de las
BZD se ha incrementado de manera exponencial en los últimos 20 años, de tal
manera que se ha convertido en un problema de salud pública. Por ejemplo, se
sabe, que estas sustancias pocas veces se utilizan solas como drogas de abuso,
que en la mayoría de los casos se combina con otras drogas ilícitas, de las
cuales desataca la comorbilidad con alcohol, heroína, cocaína y otros
estimulantes del SNC.
Lo
anterior confirma que la principal causa de la adicción a las BZD es la
iatrogenia. El insomnio debe de ser manejado con estrategias médicas precisas,
que comprenden el diagnóstico y tratamientos combinados, es decir no solo
farmacológicos, sino que hay que implementar también estrategias no
farmacológicas. Las indicaciones del uso de BZD para insomnio son para aquellos
que son de corta duración o situacionales, como pueden ser hospitalizaciones,
situaciones de estrés agudo, cambios de usos meridianos (el síndrome del
“Jet-Lag”). La “regla de oro” en el manejo de las BZD, como inductoras de sueño
es: “EL MENOR TIEMPO, LA MENOR DOSIS”.
Hay que procurar siempre explicar al paciente que tienen que
discontinuar gradualmente las BZD para que no presente algunos de los problemas
que hemos descrito previamente.
Una
pregunta que se hace frecuentemente es si todas las BZD son igualmente
adictivas. Se tiene la información de que no, que en general solo son aquellas
que tienen vidas medias cortas o muy cortas (v.gr., 4 a 6 hrs), en donde existe
una señal de entrada y salida en corta duración. En este rubro están el
triazolam, alprazolam, loracepam. Sin embargo cualquier BZD utilizada por
tiempo prolongado es capaz de desarrollar la dependencia.
Existen una serie de estrategias para disminuir el uso de BZD, la
mayoría aconsejan que sea gradual, la administración de BZD de vidas medias
largas (v.gr. diacepam, bromacepam) para evitar síndromes de supresión y el uso
de antidepresivos sedantes, como pueden ser: trazodona, mirtacepina y
mianserina. Además de implementar estrategias no farmacológicas para lidiar con
el insomnio y/o la ansiedad. Estas van desde psicoterapia cognitivo-conductual,
centrada en el manejo de las disfunciones cognitivas del enfermo; Técnicas de
relajación y finalmente la restricción o aun privación del sueño total, en días
terciados o fines de semana. Es importante hacer una buena relación
médico-paciente, que permita trabajar en equipo, todos los aspectos de
insomnio: conocimiento de los aspectos de la fisiología del sueño, de los tipos
de insomnio, de las reglas de higiene de sueño y los aspectos positivos y
negativos de los medicamentos a utilizar.
ALTERACIONES POR ABUSO Y
DEPENDENCIA AL ALCOHOL.
En
nuestro país, aproximadamente un 80 % de la población se expone al consumo de
bebidas con alcohol, en la adolescencia. De estos primeros contactos, se
determinará en gran parte, la evolución que una persona tenga para desarrollar
un problema relacionado al consumo del alcohol. La prevalencia de dependencia
al alcohol en el hombre es del 10 %, mientras que el de la mujer es
aproximadamente de 5 %. La combinación entre dependencia y abuso, nos da 20 %
de prevalencia a los largo de la vida para hombres y 10 % para la mujer. Las
personas con este problema fallecen por accidentes automovilísticos y de
tránsito; cirrosis, enfermedades cardiovasculares, suicidio y cáncer.
Las
personas con alcoholismo, siguen mucho tiempo social y familiarmente
funcionales, la imagen del vagabundo alcohólico, sólo corresponde a un 10 % del
total de enfermos alcohólicos. El alcohol interfiere con el funcionamiento
cerebral de varias maneras y por lo tanto se pueden presentar dos grandes
grupos de problemas con el uso del alcohol:
1.
Trastornos por el uso del alcohol:
a este grupo pertenecen la dependencia al alcohol y el abuso del alcohol.
2.
Trastornos inducidos por el
alcohol: Intoxicación. Síndrome de supresión. Delirium, demencia, psicosis,
alucinosis, alteraciones del estado de ánimo, alteraciones del ciclo sueño
vigilia, y disfunciones sexuales.
Las enfermedades que son
inducidas por el alcohol son:
1.
Intoxicación etílica: Este es el
trastorno más común, al cual se ha estado familiarizado, al menos una vez en la
vida. Está caracterizado por pobre coordinación, que interfiere con la buena
conducción de vehículos. Hay problemas de juicio, dificultades para el manejo
de algunas pulsiones, y puede estar con alteraciones por agresividad,
impulsividad y agresividad. Cuando están embriagados, realizan una serie de
conductas, como pelearse, golpear a sus esposas e hijos, tener conducta sexual
promiscua y sin protección., etc. Todo lo cual puede llevar a una conducta
culposa, lo cual no quiere decir que el paciente deje de beber alcohol en un
tiempo mas o menos corto.
2.
Síndrome de supresión al alcohol.
La suspensión brusca de un periodo prolongado de ingesta de alcohol, se
acompaña de malestares físicos, los cuales incluyen nausea, vómito, temblor
distal, sudoración, aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, en
general se observa un aumento vegetativo periférico. Pueden presentarse crisis
convulsivas (recuérdese que el alcohol es un supresor o sedante del SNC), al
ser retirado de una manera mas o menos enérgica, los enfermos presentan nausea,
vómito, y convulsiones, puede haber también alucinaciones e ilusiones visuales.
Los síntomas desaparecen gradualmente, en un periodo de 5 a 7 días.
3.
Síndrome de supresión con
delirium. Después de suspender el alcohol,
hay un síndrome de supresión bien establecido, hay ideas delirantes. El paciente está
desorientado en tiempo y espacio, puede tener un estado animo incoherente, hay
problemas de temblor de extremidades,
hiperactividad neurovegetativa, con sudoración, temblor, midriasis, etc. Este
problema conduce al 15 % de los fallecimientos en pacientes que no reciben
el tratamiento adecuado.
4.
Alucinosis etílica. El paciente
presenta alucinaciones auditivas, principalmente escucha voces, hace crítica de
las mismas, es decir sabe que son ocasionadas por el uso de alcohol.
5.
Síndrome amnésico por alcohol (Síndrome
de Wernicke y Korsakoff). Se presentan alteraciones en la memoria a corto
plazo, confusión, dificultades en el balance de los ojos y movimientos. Algunas
de estas manifestaciones desaparecen con complemento de vitaminas del grupo B,
especialmente tiamina, sin embargo la confusión y la pérdida de la memoria
persisten, ya que esto se debe a deficiencia en el número de neuronas.
6.
Demencia asociada con el alcohol.
Con un uso prolongado del alcohol, el sujeto puede presentar confusión, pérdida
de memoria, desorientación (de tiempo y lugar), finalmente algún deterioro en
tiempo y espacio, puede ocurrir, el cual se perpetua si el paciente persiste en
el consumo del alcohol.
Caso
clínico:
Raúl era un
abogado de 35 años. El segundo de 8 hermanos, proveniente de un hogar humilde,
había estudiado la carrera de leyes con muchos sacrificios, de su parte
trabajando y estudiando al mismo tiempo. El padre alcohólico, murió víctima de
una carcinoma de estómago. La madre ausente, dio como resultado que Raúl fuera el sustento de la casa. Solía
salir, con sus amigos de la vecindad a la tienda de la esquina, en donde se le
permitía beber en la trastienda, cerveza. Pronto se percató que aún cuando el
resto de sus compañeros, se intoxicaban fácilmente, él podía permanecer
ingiriendo bebidas alcohólicas varias horas, podrí inclusive intercambiar deferentes tipos de
bebidas alcohólicas, son que tuviera datos de intoxicación, al contrario, él se
sentía más despierto, ocurrente, podía bailar sin descansar, contar bromas, ser
simpático, de hecho siempre se convertía en el centro de la reunión. Lo
anterior dio lugar a la los compañeros lo buscaran para ir a fiestas, además de
que René tocaba guitarra bastante bien, y eso permitía que lo invitaran a dar
serenatas a las novias, a donde se consumían grandes cantidades de alcohol.
La primera vez que recuerda tuvo que “curarse la
cruda” tomando mas alcohol, fue como a los 10 años de haber estado tomando de
manera intensa. La sensación de malestar, ansiedad, necesidad de estarse
moviendo y náusea, desapareció cuando tomó un trago de alcohol. Entonces
aprendió que esas eran las “crudas de alcohol" , y que para aliviarse
tendía que tomas mas alcohol.
Empezó al
poco tiempo, a dejar de asistir a su trabajo, y había días enteros que no
llegaba a su casa. Se quedaba en la cantina horas y horas, y luego si estaba
cerraba, se iba a otra. Finalmente empezó a comprar botellas que almacenaba en
su automóvil, en su sala, en su recamara y aún en el baño. El pretexto de
siempre era que compraba botellas para regalar, lo cual si hacía, pero siempre
se quedaba con una parte. Sus hermanos y amigos trataron de llevarlo en varias
ocasiones con el médico o con alcohólicos anónimos, pero él se reía y no
asistía, argumentando que él podía dejar de tomar cuando quisiera. Un día
atropelló a una anciana, matándola, y él se fue a estrellar contra una barda
fracturándose las costillas. Estando en recuperación del accidente, decidió
asistir a una sesión de “AA”, y su vida cambió. En la actualidad tiene 15 años
sin beber, y se ha vuelto un participante activo de esta organización.
El alcohol es la segunda droga adictiva más abusada
en el mundo después de la cafeína. Mientras que la mayoría de las sociedades
aprueban el uso moderado del alcohol, también es común que se repruebe el
exceso y la cronicidad en su consumo. Una forma de prevenir los problemas que
resultan del alcohol y su abuso es conocer mas acerca de los mecanismos básico
por medio de los cuales el alcohol produce su actividad adictiva. Está claro
hoy en día, que el alcohol afecta a una serie de sistemas de neurotransmisión y
que el estudio de estos, es la clave para entender más sus mecanismos de acción
y adicción.
El alcohol
es miembro de una familia de anestésicos, junto con los barbituratos y
benzodiacepinas, que cruzan rápidamente la barrera hematoencefálica ( barrera
formada por la pared de los vasos sanguíneos y membranas de células gliales
como astrocitos). Las hipótesis que estuvieron activas en las décadas de los
sesenta y los setenta, sostenían que
existían cambios en la fluidez de la membrana celular, y que estos eran la
consecuencia de las propiedades químicas del etanol, es decir del tipo de
solvente polar que es el alcohol. En las décadas de los ochentas y noventas, se
cambio la estrategia hacia aspectos más de tipo toxicológico, es decir cuales
son las funciones neuronales, que se afectan debido a la interacción con el
etanol.
ASPECTOS GENÉTICOS DEL ALCOHOLISMO.
Un aspecto
importante en las teorías que explican el alcoholismo, es el genético. Se tiene
mas o menos el consenso de que en familiares de primer grado de enfermos
alcohólicos, la incidencia de problemas relacionados con el alcohol es de 4 a 7
veces por arriba de la población general. Estos números aumentan con una serie
de factores, como son la severidad de la enfermedad alcohólica, la cercanía
familiar (grado de parentesco) y el número de miembros afectados. En estudio
con gemelos, nuevamente se observa que las cifras de concordancia se duplican
para gemelos monocigotos, en comparación con los gemelos dicigotos.
En los
estudios de adopción, en donde hijos de padres alcohólicos fueron dados en
adopción al nacer, se observa que los sujetos adoptados tuvieron mas incidencia
de problema alcohólico, que la población en general. Por otro lado niños de
padres no alcohólicos dados en adopción a padres alcohólicos, no tuvieron mayor
incidencia de problemas de alcoholismo que la población general.
A pesar de
lo anterior, no se ha encontrado un solo sitio o cromosoma que pudiera ser
responsable directo del problema de alcoholismo, se han propuesto, por un lado
que existe una baja penetrancia o que hay un patrón hereditario poligénico. Por
otra parte esta el hecho de que los factores psicosociales son muy importantes
e interaccionan con los genéticos, haciendo difícil el trazo directo del modo
de herencia en esta población Sin embargo en la actualidad se maneja en la
clínica que un facto de vulnerabilidad en una familia, es que uno de los padres
sea alcohólico. Esto pone en riesgo a los hijos.
Factores de vulnerabilidad al alcoholismo.
Estos
factores están vinculados a los aspectos genéticos del alcoholismo. Se ha
propuesto un polimorfismo genético, que explica la heterogeneidad del problema,
en donde los actores genéticos múltiples explican el 60 % de los casos de
alcoholismo. Una de las primeras evidencias a favor de una vulnerabilidad
premórbida al alcoholismo se propuso en 1975, con la llamada “Respuesta de Baja
Intensidad”(RBI) al alcohol. Esta RBI, aumenta las posibilidades de que grandes
bebedores se vean expuestos a los efectos reforzadores del alcohol, y poco a
los efectos negativos. Por ejemplo, son reforzados socialmente porque pueden
tolerar grandes cantidades de bebida alcohólica sin intoxicarse; tienen pocos
malestares al día siguiente de una ingestión grande de alcohol; se reúnen con
personas iguales a ellos, en donde todo gira en torno a la bebida. En estudios
longitudinales con sujetos que presenta RBI, este fue un predictor
significativo de abuso de alcohol y dependencia. La RBI tiene una influencia
genética, se ha reportado que la RBI es
similar en gemelos idénticos, dicigotos, y finalmente en familiares de primer
grado, comparados con la población en general. Los genes candidatos para la RBI
alcohol son el A-alfa 6 del receptor a GABA
y el gen del transportador de serotonina. Otros genes candidatos se
relacionan con diferentes sistemas de neurotransmisión, como son el del
neuropéptido Y, neurotensina, el sistema de la adenil ciclasa, protein cinasa y
algunos genes de la serotonina.
Otra de
las evidencias de vulnerabilidad, proviene de la electroencefalografía (EEG).
Un patrón de bajo voltaje y actividad rápida, que se encuentra también en
ansiedad y depresión mayor, se ha reportado en sujetos a riesgo de desarrollar
alcoholismo. Los alcohólicos refieren poca actividad alfa, y una baja en el
voltaje de la mayoría de la actividad EEG. Algunos hijos de alcohólicos
reportan este tipo de anormalidades EEG en edades tempranas. Además hay una
buena correlación entre la RBI al alcohol, y las anormalidades EEG descritas.
Estos cambios EEG son mas frecuentemente observados en gemelos monocigóticos y
se ha propuesto que pudiera ser una alteración del cromosoma 20, pero no hay una total certeza de lo
anterior.
La
impulsividad y la personalidad antisocial (Vg. Sociopática), son dos rasgos de
la personalidad que correlacionan de manera significativa con el alcoholismo.
Aproximadamente dos tercios de los sujetos con personalidad antisocial,
presentan alcoholismo. Los factores genéticos son muy importantes en la
determinación de una personalidad. Los altos grados de impulsividad y de
búsqueda de emociones, en la personalidad antisocial, pueden estar relacionados
con algunos aspectos del mal funcionamiento de serotonina o de receptores a
GABA, que en términos generales, nos dan una imagen de desinhibición.
Existe una
alta comorbilidad entre algunas alteraciones psiquiátricas y el alcoholismo, de
estas tenemos: a la esquizofrenia, alteración bipolar, depresión mayor, y de
las alteraciones por ansiedad, los ataques de pánico y la fobia social
(ansiedad social). En estas anormalidades, está una alteración de sistemas de
neurotransmisión que hemos mencionado con anterioridad; serotonina,
norepinefrina, y el sistema hipotálamo – hipófisis – suprarrenales.
HIPÓTESIS BIOQUÍMICAS SOBRE LOS MECANISMOS DE ACCIÓN
DEL ALCOHOL.
La hipótesis
del cambio en la fluidéz de la membrana celular ha sido comprobada por una
serie de métodos fisicoquímicos en los que se destaca, la resonancia magnética
de electrones y la polarización por fluorescencia. Sin embargo no son todas las
áreas de la membrana celular las que parecen presentar estos cambios, sino que
hay determinadas regiones, que tienen composiciones especiales las que parecen
sufrir mas cambios, así tenemos que zonas abundantes en gangliosidos son mas
lábiles, lo mismo las moléculas proteicas, que forman los ionóforos y
receptores, se encuentran entre las mas afectadas. Otras proteínas, como las
enzimas, también pueden ser inactivadas de manera muy selectiva por el alcohol,
por ejemplo, las monoamino oxidasas (MAO) del tipo MAO-A y MAO-B son muy
parecidas funcional y estructuralmente, pero el alcohol selectivamente inhibe a
la forma B, tanto en las plaquetas como a nivel cerebral. Esto se traduce como
una selectividad relativa del alcohol para algunos de sus efectos
"inespecificos" de proteinas y lípidos. Otro ejemplo, es el efecto
del alcohol sobre las ATPasa Na+ /K+ , en donde tiene mayor efecto de
inhibición sobre las formas neuronales, mas que en las formas de glía. Un
tercer ejemplo en esta misma dirección, lo constituye la enzima
adenilatociclasa. Esta enzima, se encuentra acoplada a varios sistemas de
neurotransmisión. Este sistema de receptor-adenilciclasa consiste de tres
proteínas membranales: el receptor, la proteína acopladora dependiente de
guanina (Proteina G) y la unidad catalítica de la adenil ciclasa. El alcohol
aumenta la actividad de la adenil ciclasa. Sin embargo se ha hecho una
diferencia entre la activación de esta enzima a nivel del sistema dopaminérgico
de estriado y el sistema norepinefrínico en corteza cerebral. En el estriado,
el sitio de acción del sistema arriba mencionado, es en la interacción entre la
proteína G y la unidad catalítica, mientras que en el sistema de la corteza
cerebral (v.g, norepinefrínico) el sitio de aumento de la actividad de la
adenil ciclasa es múltiple.
Otro de
los sitios en donde el alcohol ejerce sus efectos es en el complejo receptor
GABA-benzodiacepina-ionoforo a cloro. Los sitios en donde el alcohol parece
ejercer su acción es en el sistema receptor-efector y también en el sistema de
la adenilato ciclasa. Este tipo de interacción, explica el efecto
“amplificador” del alcohol en las funciones de tipo inhibitorias. Otro sistema que parece particularmente
sensible a los efectos del alcohol es el de los receptores a opioides y de
estos particularmente el receptor delta. Finalmente el alcohol ejerce um efecto
inhibidor sobre los receptores del sistema de amino ácidos excitatorios, del
glutamato, principalmente a nivel del receptor NMDA (n-matil D-aspertato). Por
lo anterior, podemos ver que el efecto neto del alcohol, es potenciar los
mecanismos de inhibición y bloquear los mecanismos de excitación.
NEUROBIOLOGÍA DE LA ADICCIÓN AL ALCOHOL.
El alcohol
produce liberación de dopamina en el núcleo accumbens, este es un mecanismo que
comparte con otras drogas adictivas como los opioides, cocaína, anfetaminas y
la nicotina. Este es el mecanismo primario reforzador. También se observa un
incremento en la liberación de otros sistemas de neurotransmisión como son el
del GABA, glutamato, dopamina, péptidos opioides, y serotonina. El empleo de la
naltrexona[1], un
antagonista opioide en el manejo de la apetencia al alcoholismo, ha mostrado
ser de utilidad clínica en alcoholismo, y nos demuestra la importancia de este
mecanismo en la apetencia al alcohol. La comorbilidad entre alcoholismo y
adicción a la nicotina, esta dada por el hecho de que las sustancias se
potencian entre si, con respecto a que ambas aumentan la liberación de dopamina
en el núcleo accumbens.
Los
receptores a glutamato son estructuras relevantes para el entendimiento de los
efectos de intoxicación y dependencia. El alcohol, en concentraciones tan bajas
como son 5mM (20 mg%), inhiben el influjo de iones calcio a través de los
receptores NMDA, sin que afecte a otros tipos de receptores de glutamato como
son los AMPA y kainato.
Por otro
lado, parece ser que, en el desarrollo de la tolerancia se requiere de la
integridad de ciertas vías neuroanatómicas y neurobioquímicas. Cuando se
lesionan las vías de norepinefrina y serotonina, se ha observado que se retarda o se bloquea
el desarrollo de la tolerancia, aún más pueden disociarse tolerancia de la
adicción (v.g dependencia física), de tal manera que el animal con lesión de
ambos sistemas de neurotransmisión no desarrolla tolerancia pero sí dependencia
física. En algunos roedores, el consumo de etanol se encuentra influenciado por
la presencia de neuropéptidos como la arginina vasopresina. Este péptido es la
hormona antidiurética y ha sido implicado en algunas funciones de aprendizaje y
memoria. La presencia de este neuropéptido puede mantener la tolerancia hacia
el etanol, aun en la ausencia de mayor ingesta de esta droga. Por otro lado el
antagonismo a este neuropéptido, da como resultado la pérdida de tolerancia
hacia el alcohol, lo cual sugiere que la presencia de esta hormona endógena es
la que se encarga del mantenimiento y expresión de la tolerancia. Por ejemplo la cepa de rata Brattleboro que
no sintetiza la hormona antidiurética, carece de desarrollo de tolerancia al
etanol. Sin embargo aun esta función de la hormona antidiurética requiere de la
integridad de las vías serotoninérgicas y norepinefrínicas.
Además del sistema GABA-benzodiacepinas-ionoforo a
cloro, otros sistemas de neurotransmisión que se han involucrado en los efectos
de tolerancia y dependencia física al alcohol, estos son los receptores
colinérgicos muscarínicos y diferentes tipos de receptores norepinefrínicos. El
aumento de los receptores muscarínicos en los animales que consumen etanol se
presenta primero en corteza e hipocampo. Estos mismos receptores vuelven a la
normalidad, al tiempo en que el síndrome de supresión ha terminado. El recambio
de la norepinefrina también se ha encontrado elevado en animales y seres
humanos durante la ingesta crónica de etanol, por lo que las propiedades de los
receptores ß-adrenérgicos tienden ha cambiar.
Estos cambios persisten durante los primeros tres días del síndrome de
supresión. Estos cambios de los receptores ß adrenérgicos, repercuten sobre el
sistema de la adenilato ciclasa. Este conjunto de alteraciones (v.g.,
colinérgicas y noradrénergicas), pueden ser las responsables del rebote de sueño de movimientos oculares rápidos (SMOR)
y del insomnio que se observa en los pacientes con síndrome de supresión
etílico.
FARMACOLOGÍA DEL ALCOHOL.
El alcohol se absorbe rápidamente desde el tracto
gastrointestinal, aunque la velocidad de absorción dependerá de una serie de
factores como la presencia de alimentos, el volumen de líquido ingerido, la
concentración de alcohol y la velocidad de administración. Cuando se presentan
altas concentraciones de alcohol, se limita la absorción intestinal mediante la
inducción de un piloroespasmo reflejo, como resultado de esto, grandes
cantidades de alcohol pueden almacenarse en estómago antes de que pasen al
intestino delgado. Así, después de un episodio de ingesta de alcohol en grandes
cantidades, hay fluctuaciones del estado de intoxicación debido a este
reservorio de alcohol.
Una vez que el etanol es absorbido, este aparece
uniformemente distribuido en todos los compartimientos tisulares, incluyendo el
cerebro. En el hígado, el alcohol es convertido rápidamente a acetaldehido a
partir de la acción de las enzima deshidrogenasa alcoholica. Este acetaldehido
es convertido a acetil coenzima A , la cual ingresa al ciclo de Krebs. Además
las enzimas microsomales hepáticas desempeñan un papel activo en el metabolismo
del alcohol. Una pequeña porción de alcohol se excreta sin metabolizarse por
los pulmones y riñones.
Los niveles de tolerancia a los efectos del alcohol
varían de manera considerable. Algunas personas con idénticos niveles
sanguíneos de etanol pueden presentar una conducta muy diferente entre si. La
ingesta crónica de etanol, da como resultado el desarrollo de tolerancia
metabólica y farmacodinámica. La primera implica que los sistemas enzimáticos
encargados de la degradación de alcohol se encuentran mas activos y por lo
tanto pueden metabolizar a la droga mas rápidamente. Cuando la administración
de alcohol es constante (Vg. todos los días) sin exceder ciertos niveles, puede
ser que el sujeto no presente signos de intoxicación. Sin embargo al aumentar
estos niveles los signos de intoxicación aguda reaparecerán. Después de tres
semanas de detener la administración del alcohol, la tolerancia metabólica
disminuye hasta extinguirse. La tolerancia farmacodinámica o tolerancia
tisular, implica cambios adaptativos en el ámbito celular, particularmente a
nivel neuronal, como resultado de una exposición crónica al alcohol. Las bases
bioquímicas para este fenómeno han sido explicadas anteriormente. La ingestión
crónica de grandes cantidades de etanol da como resultado una dependencia
física. El tiempo que se requiere para que esta aparezca no está completamente
definidos, la presencia de esta dependencia se corrobora por la existencia de
un síndrome de abstinencia, que puede presentarse aún cuando persistan niveles
de alcohol en sangre.
INTOXICACIÓN AGUDA CON ETANOL.
Aunque el
efecto del etanol se observa en todas las células del organismo, el sistema
nervioso central es el que más manifestaciones agudas presenta. Los signos
clínicos de una intoxicación aguda son: lenguaje lento y tartajoso, ataxia e
incoordinación motora, nistagmus, errores de juicio desinhibición, agresividad,
problemas en la atención y en la concentración, problemas con la memoria
reciente, irritabilidad, euforia, depresión y labilidad emocional. El etanol
produce una desinhibición de los centros subcorticales de la influencia
reguladora y moduladora de la corteza cerebral. Esto al parecer explica los
cambios de tipo estimulante en la conducta. En la mayoría de los individuos una
concentración de alcohol de 50 a 100 mg por decilitro, da como resultado una
intoxicación moderada. Concentraciones arriba de 100 mg/dl incapacitan a la
persona para conducir un vehículo motorizado; a 200 mg/dl, el individuo se
observa atáxico con lenguaje lento y tartajoso. Niveles de alcohol por arriba
de 400 mg/dl son potencialmente letales.
Existe una
condición que se denomina intoxicación idiosincrásica por etanol, en la cual
pequeñas cantidades de etanol dan todo un cuadro de intoxicación aguda, que no
se correlaciona con las cifras de niveles plasmáticos de etanol, que se han
descrito previamente. Aparece en estos sujetos un estado de desorientación y
confusión mental, que hacen, inclusive, que el episodio de intoxicación no sea
registrado por el sujeto y que aparezca como un cuadro amnésico (Amnesia
lacunar). Estos episodios habitualmente terminan después de que el paciente
toma una siesta corta de 2 a 3 hr.
INTOXICACIÓN CRÓNICA CON ETANOL.
Los
efectos sobre el sistema nervioso central y periférico son uno de los
principales efectos de la ingesta crónica del alcohol. A nivel periférico las
polineuropatías, son el resultado de una inducción de avitaminosis secundarias
a la ingesta crónica del alcohol. En la mayoría de los pacientes, este problema
se inicia por ausencia de reflejo patelar, en la medida que aumenta, se observa
una sensación de quemadura en las plantas de los pies, parestesias, debilidades
musculares y en las formas mas graves se reportan problemas en la marcha. Una
abstinencia prolongada, así como una adecuada nutrición y la administración de
vitaminas gradualmente revierten este síndrome, aunque existen formas que
pueden dejar un daño permanente.
Una forma de avitaminosis (vitamina B1-tiamina) que se observa también
en el alcoholismo crónico, da como consecuencia la enfermedad de Wernicke. Esta
se caracteriza por nistagmus, parálisis bilateral del sexto nervio craneal,
problemas en los movimientos conjugados de los ojos, así como ataxia y
problemas mentales, que han hecho que a esta enfermedad se le conozca como
"Delirio quieto". La presencia de apatia, lasitud, desorientación, y
conducta autista son datos clínicos comunes en esta alteración.
Otra forma
menos común de síndrome alcohólico es la psicosis confabulatoria o psicosis de
Korsakoff. La cual consiste en una amnesia anterógrada y retrógrada, en un
individuo que por lo demás está alerta. El enfermo al darse cuenta de sus
problemas de memoria tiende a fabular o confabular (en el caso de que se le
sugiera un tema) sobre situaciones que tiendan a llenar el hueco amnésico. La
enfermedad de Wernicke y el síndrome de Korsakoff pueden estar presentes
conjuntamente (Sindrome Wernicke-Korsakoff), cuando esto ocurre en la
examinación postmortem, se observan lesiones en los cuerpos mamilares
hipotalámicos, estas son hemorragias petequiales. También es frecuente observar
estas alteraciones en mesencéfalo.
SÍNDROME
DE SUPRESIÓN ETÍLICO.
En
pacientes con dependencia física, los síntomas clínicos iniciales de un
síndrome de supresión etílico inician unas horas después de la ultima copa. Los
primeros síntomas son temblores, tensión muscular, sudoración, una sensación
vaga de ansiedad, esto va seguido de nausea, vómito, anorexia y calambres
abdominales. El paciente aparece agitado e inquieto, aparecen signos de
hiperactividad generalizada del sistema nervioso central, con irritabilidad e
hiperreflexia y una tendencia al sobresalto con facilidad. En la medida que el
síndrome progresa aumenta la ansiedad que puede llegar a tener una similitud
con el pánico, pueden presentarse iluciones o aún alucinaciones auditivas y
visuales, acompañadas de ideas delirantes de tipo paranoides. En una minoría de
sujetos pueden desarrollarse crisis convulsivas generalizadas, las crisis se
presentan de 17 a 24 hrs., después de haberse suspendida la ingesta de etanol,
el 2 % de estos sujetos pueden presentar "Status epilepticus". Esto
es particularmente cierto para pacientes con antecedentes de actividad
convulsiva.
Cerca de
un 5% de los pacientes que ingresan a un síndrome de supresión pueden
evolucionar hacia un Delirium tremens, el cual se caracteriza, además de los datos clínicos antes descritos, por
confusión, desorientación, agitación y delirium. Los síntomas se presentan de
24 a 72 hr después de la última bebida. El síndrome puede durar de unas horas hasta
una semana. Las alucinaciones visuales son muy vívidas y estas se presentan con
mas frecuencia durante la noche, hay insomnio, pesadillas, hiperactividad del
sistema nervioso autónomo, pueden incluir fiebre, sudoración, taquicardia,
hipertensión y aumento en la frecuencia respiratoria. Una serie de complicaciones médicas pueden
acompañar y aun desencadenar el delirium tremens, estas son la neumonía,
desnutrición, cirrosis, gastritis, anemia, etc. Se ha observado que una vez que
se presenta el primer delirium tremens, es mas fácil que se presenten nuevos
episodios de este tipo, esto ha dado como resultado una especulación de que un
fenómeno de tipo facilitación o "Kindling" pueda estar en la base de esta facilitación
relativa a los nuevo episodios de delirium.
ALUCINOSIS ALCOHOLICA.
Algunos pacientes después de una tiempo mas o
menos largo de ingerir etanol desarrollan un tipo de alucinación orgánica. A
esto se le denomina alucinosis etílica. Estas personas están orientadas en las
tres esferas y no presentan ningún síntoma de delirium tremens. El enfermo
puede darse cuenta de que las alucinaciones nop son reales, y que emite el
juicio correcto de que son debidas a su alcoholismo, pero no pueden evitar que
se presenten, entonces se desarrolla una
especie de simbiosis entre el paciente y sus alucinaciones. Algunos enfermos
presentan esta alteración de manera crónica y pueden estar relacionadas y
exacerbadas por los episodios de administración de alcohol.
TRATAMIENTO DEL ALCOHOLISMO
Los
pacientes con dependencia o abuso del alcohol deben de ser confrontados con la
realidad de su alteración, trabajar en
tres aspectos básicos: (1) Intervención; (2) Desintoxicación y (3)
Rehabilitación.
La
intervención, también llamada confrontación, consiste en trabajar las defensas
de negación, y ayudar al paciente a que reconozca las consecuencias adversas
que ocurrirán si no recibe tratamiento. Es importante que el médico tome
algunos de los síntomas o molestias que agobian al paciente (egodistónicos),
para trabajar desde ellos hacia el reconocimiento de la enfermedad. Síntomas
como insomnio, depresión, ansiedad. La familia puede ser de gran utilidad en
esta intervención. Se debe de instruir a la familia que no proteja al paciente
de los problemas que él genera con su consumo de alcohol, y de esta manera, que
se haga una asociación entre conducta y consecuencia. La familia puede asistir
a las reuniones de Alanon, formado por familiares de alcohólicos, para el
manejo de la co-dependencia.
La
desintoxicación implica no solo remover el alcohol del cuerpo, sino ponerlo en
consecuencias físicas y cognitivas para que pueda entender las maniobras
terapéuticas que se van a utilizar con él. En esta primera fase es común que el
paciente esté tomando benzodiacepinas, u
otro tipo de medicamentos supresores del SNC, para disminuir el síndrome de
supresión y la probabilidad de que se presenten crisis convulsivas. Es posible
el empleo de benzodiacepinas como diacepam (10 mg/dos veces al día); loracepam
(2 mg cada 12 hrs): en caso de temblor intenso se puede manejar el propranonol
(10 mg dosis única). En las reacciones severas de supresión etílica se puede
emplear halopepridol o tioridazina. El paciente debe de estar bien hidratado,
con control de presión arterial, temperatura,.
La
rehabilitación comprende los siguientes componentes: (1) Esfuerzo constante
para incrementar y mantener la motivación para la abstinencia; (2) hacer que el
paciente re-ajuste su vida con motivaciones en las que no este el alcohol como
un estilo de vida; Trabajar en la prevención de las recaídas, llevar una
diario, de bebidas, en donde se registren aspectos de recaídas, motivaciones y
situaciones de debilidad.
[1] (Revia (R) ) El medicamento se administra en dosis de 50
mg hasta 150 mg al día. El paciente debe de estar libre de
consumo de opioides. Una de las reacciones reportadas es ideación suicida (Revisar el estado afectivo del paciente) Además de síndrome de supresión a opioides, insomnio, nausea, vomito, ansiedad y cefalea.

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