miércoles, 6 de agosto de 2014

ADDICCIÓN A LAS DROGAS (PRIMERA PARTE)


TRASTORNOS POR ABUSO Y DEPENDENCIA DE  SUSTANCIAS (primera parte)



     La utilización de sustancias que modifican nuestra manera de percibir, de reaccionar y de pensar es muy antiguo. Sin embargo se utilizaron muy a menudo con fines religiosos, adivinatorios, y como sustancias productoras de placer. Solo hasta hace un par de siglos, el abuso de estas sustancias se ha transformado en una epidemia. Como ejemplos de lo que he mencionado anteriormente estarían los ritos de Eleusis en Grecia, en donde se ingería un brebaje que contenía, entre otras plantas el cornezuelo de centeno, el cual libera sustancias psicoactivas y pone a los sujetos en trance alucinatorio, con lo cual se pensaba que se había accedido al Olimpo. En nuestro país son equivalentes las ceremonias que hacen los chamanes, con hongos, mezcalina, peyote, alcohol y hasta tabaco salvaje, en donde la base del evento es el mismo, es decir,  el generar alucinaciones y un estado eufórico con elementos psicoactivos.
     En la mayoría de los países se ha observado un aumento en el consumo de sustancias de las cuales se crea una dependencia. Algunas de ellas son de fácil disponibilidad como el alcohol y la nicotina. Otras requieren de prescripción médica como las benzodiacepinas y anfetaminas; finalmente hay otras sustancias que requieren de la venta ilegal de las mismas, lo cual implica  ingresar a una sub-cultura especial, drogas como la mariguana, heroína, cocaína, éxtasis, y algunas otras están en este nivel.
      Independientemente de los aspectos biológicos de estas sustancias y tan importantes como estos están las implicaciones sociales. Estas últimas de hecho, marcan gran parte de la estigmatización del usuario de estas drogas como “vicioso”, “drogadicto”, “marginales”. Cuando era estudiante de medicina, me tocó realizar unas prácticas en un Servicio de Urgencias, recuerdo que en una camilla estaba un hombre, campesino,  como de 60 años, que se estremecía como con un escalofrío, al mismo tiempo que sudaba copiosamente. Estaba sujeto por unas correas de cuero a la camilla y murmuraba cosas, que no se escuchaban. Los ojos muy abiertos, miraban hacia la pared de enfrente. Cuando me acerque a tratar de oír que decía, uno de los residentes me hizo una seña de que me alejara. Le pregunte a ese médico, que era lo que tenía el campesino, y el galeno me contestó burlonamente: “ese lo que necesita es una botella de mezcal, con eso se la curaría”. Pasaron muchas horas para que le dieran atención médica al paciente, pero ese episodio, de un estado de supresión a alcohol, se me ha quedado muy claro, como un ejemplo de la visión distorsionada de la sociedad respecto a las drogadicciones.
     Una droga es cualquier sustancia que ingresa a nuestro cuerpo y modifica su funcionamiento. Por ejemplo el ácido acetil salicílico (aspirina), es una sustancia que modifica nuestra percepción al dolor, al mismo tiempo que ayuda a reducir la inflamación y disminuye la temperatura corporal. La aspirina es una droga, como lo es la penicilina, los anticonceptivos y los medicamentos para la gripe. Sin embargo en el ámbito popular, el término droga, se ha reservado para las sustancias que además de producir un cambio en el funcionamiento de nuestro cuerpo, nos producen una dependencia, es decir, una necesidad imperiosa para buscarlas y consumirlas.
      ¿Qué hace que una sustancia produzca dependencia y otra no? Al parecer la mayoría de las llamadas drogas adictivas producen cambios en las células de que está compuesto nuestro cerebro, es decir  las neuronas. En estas células hay unos sitios llamados receptores, en donde actúan las drogas adictivas, y en donde estas, modifican el funcionamiento de las neuronas, al hacerlo hay un acomodo o adaptación de la actividad de las células nerviosas, que por decirlo de alguna manera “se acostumbran” a trabajar con las drogas adictivas. Al disminuir los niveles de estas sustancias adictivas, se desencadena lo que se denomina un “Estado de Supresión”, casi siempre una serie de malestares físicos y psicológicos, que llevan al paciente a buscar alivio consumiendo nuevamente la droga adictiva, y de esta manera se crea, literalmente un círculo vicioso.
       Algunas personas utilizan mas de dos drogas adictivas, con lo cual se potencia sus efectos deletéreos sobre la salud. Por ejemplo es común que los pacientes adictos a la cocaína, sean adictos también al alcohol y que además fumen (adicción a la nicotina). En nuestro cerebro tenemos una serie de estructuras que se activan cuando estamos disfrutando o teniendo placer con alguna actividad, por ejemplo escuchando la 9ª Sinfonía de Beethoven; viendo una película de Andrei Tarkovsy; o leyendo los poemas de Jaime Sabines. También se activa cuando hacemos el amor y cuando frente un atardecer, en las costas de Mazatlán vemos ponerse el sol. Este mismo conjunto de fibras y neuronas se activa cuando se administran las drogas adictivas, liberándose una sustancia llamada dopamina. Está ultima es la encargada de comunicar al resto de las neuronas, mediante una onda de excitación que los que se está haciendo o empleando produce placer. Sin embargo cuando este estimulo químico externo,  es el de administrarse drogas adictivas, que se repite continuamente,  el efecto sobre la liberación de dopamina disminuye y con ello el efecto euforizante o placentero, entonces el usuario de drogas adictivas aumenta la dosis, para lograr un efecto similar de bienestar, esto se repite varias veces, aumentando en cada ocasión la cantidad de la sustancia adictiva. A este fenómeno se le llama TOLERANCIA, que quiere decir que el paciente tolera ahora una cantidad de sustancia adictiva, que administrada a una persona sin abuso de ella, le puede provocar cambios severos e incluso la muerte.
     La suspensión brusca de la administración de una droga, o cuando las necesidades metabólicas a la sustancia adictiva cambian (por ejemplo se elimina la droga más rápido por diarrea o fiebre),  se presenta un ESTADO DE SUPRESIÓN, este se caracteriza por una serie de manifestaciones clínicas, exactamente opuestas a las que se observaban cuando se consumía la droga. Por ejemplo, si se era usuario de anfetaminas, las cuales producen un aumento de la atención, aceleramiento de la actividad física y mental, además de aumento de la capacidad para permanecer mas tiempo despierto; cuando se suspende su administración, la persona presenta cansancio, somnolencia e inclusive datos clínicos de depresión.
     Una sustancia adictiva es capaz de producir cambios diversos, a continuación enumero algunos de ellos:
1.     Intoxicación. Esto se produce por la administración aguda de una sustancia en cantidades considerables, aunque esto puede variar en relación con ciertas características de la persona, y si el consumo es frecuente o aislado. Por ejemplo, con el alcohol, hay gente que se intoxica con cantidades muy bajas, e incluso llega a tener la llamada “Embriaguez Patológica”, en donde con una o dos copas de alcohol, la persona desarrolla un estado de exaltación, agresividad e inclusive hay amnesia a este episodio (falta de memoria o “laguna mental”). En el caso de los sedantes del sistema nervioso, como el alcohol, barbitúricos y algunas benzodiacepinas, la persona intoxicada presenta lenguaje lento, problemas de equilibrio, marcha titubeante, lentitud en general y somnolencia. En el caso de drogas estimulantes como la cocaína o anfetaminas, hay un estado de aceleramiento, tanto en el lenguaje como en los movimientos físicos, puede haber irritabilidad, enojo y de un momento al otro pasar a la euforia. En el caso de la mariguana, la intoxicación, va acompañada de movimientos lentos, risas inmotivadas, y pueden aparecer actitudes de aumento de la atención selectiva a ciertos objetos, que hace aparecer a los sujetos como si estuvieran alucinando.
2.     Estado de Supresión. Esta es una alteración específica, que se presenta cuando se interrumpe o se reduce la administración de alguna droga adictiva, o cuando aumenta la demanda de ella, por alguna enfermedad de la persona que las consume. El síndrome de supresión del alcohol, por ejemplo se acompaña de temblor de manos y lengua, ataque al estado general, nausea, vómito, taquicardia (aumento de la frecuencia cardiaca), debilidad, sudación, aumenta  la presión arterial, ansiedad y si hay obnubilación de la conciencia, es decir confusión mental, en donde el paciente no reconoce fácilmente a quien le rodea, o que tenga fenómenos alucinatorios, entonces se le conoce como Delirium Tremens. En el caso de los opioides  (heroína, codeína) encontramos que el estado de supresión se acompaña de lagrimeo, salivación excesiva, rinorrea (salida de mucosidad transparente por nariz), dilatación pupilar, bostezos, erección del vello y cabellos (piloerección), taquicardia, fiebre e insomnio. En el caso de los estimulantes (cocaína y anfetaminas), se observa estado de ánimo deprimido, fatiga, sueño intranquilo y pesadillas.
3.     Abuso de una sustancia. Esto involucra un patrón  no adaptativo, en donde se presentan las siguientes conductas: falla en el cumplimiento de obligaciones laborales, escolares o en el hogar, debido al abuso de la sustancia. Colocarse en situaciones de peligro personal o legal, para conseguir la sustancia de abuso; continuar en el uso de la sustancia a pesar de problemas de salud, legales e interpersonales.
4.      Dependencia a una sustancia. En esta modalidad, ya hay estados de supresión que son “controlados” por la administración de pequeñas cantidades de la sustancia adictiva. Por ejemplo, una persona con dependencia al alcohol, no necesariamente esta intoxicado todo el tiempo, pero tiene que estar consumiendo pequeñas cantidades de alcohol. También hay un aumento en la tolerancia  a los efectos de la sustancia adictiva; incapacidad para poder tener control en la sustancia utilizada, es decir no puede dejar de utilizar la sustancia  con la mera voluntad, por lo menos no es fácil, ya que tendrá que atravesar por un síndrome de supresión, cambiar su estilo de vida, y generar una nueva concepción de lo que quiere en su vida .
5.     Desarrollo de alteraciones psiquiátricas. Si bien la adicción a las drogas es una alteración psiquiátrica por si misma, el uso de sustancias adictivas puede llevar a estados de depresión mayor, de ansiedad severa, y psicosis (pérdida del juicio de realidad). Por ejemplo el empleo de cocaína o anfetaminas puede dar como resultado un cuadro clínico de psicosis (por ejemplo: psicosis paranoide) muy parecido a la esquizofrenia. Además de estas  alteraciones psiquiátricas el uso de sustancias adictivas puede llevar a que las personas se involucren mas fácilmente en actividades de alto riesgo: manejar alcoholizados o intoxicados, promiscuidad sexual sin protección; uso de jeringas compartidas; accidentes y peleas.

      El problema de las adicciones es uno de los más importantes de nuestros tiempos. No solo porque se presente el consumo de sustancias que modifican la conducta, ya que esto tiene tiempo que ocurre en nuestro planeta (aunque los adolescentes de cada época piensan que ellos inventaron el consumo de las drogas), sino las dimensiones a las que ha llegado el problema, en donde se ha transformado de un problema individual, a situaciones más complejas, que involucran la distribución, y tráfico de drogas, que impactan a la sociedad en su conjunto. Las adicciones como problema médico, se han reconocido hasta hace relativamente poco tiempo. No es de extrañarse que entre la población en general, no se tenga una clara conciencia de qué se tiene una adicción, por ejemplo al alcohol o a la nicotina, ya que son drogas legales, y en donde el consumo de las mismas es promovido por una parte de la misma población, directa o indirectamente. En Estados Unidos de América, por ejemplo, se tienen buenas evidencias para afirmar, que sólo el 20 % de la población de adictos recibe tratamiento.
Las aproximaciones biológicas al problema de las adicciones también han sido diversas, algunas de ellas son: marcadores genéticos, alteraciones en los neurotransmisores, receptores, neuropéptidos, modelos animales, con técnicas de imágenes cerebrales (ya sea con técnicas de medición de flujo sanguíneo o con mapeo computarizado del encéfalo, resonancia magnética funcional). En este capítulo trataré de presentar un panorama amplio de las adicciones, enfocándome a algunas en particular por sus implicaciones académicas y de prevalencia.

ASPECTOS HISTÓRICOS Y CONTEXTO SOCIAL DEL USO DE SUSTANCIAS ADICTIVAS.

Las sustancias adictivas se han utilizado en todas las culturas a lo largo de la historia (y prehistoria) de la humanidad. Este consumo tiene una serie de funciones. En el ámbito individual esto lleva al alivio de estados mentales y emocionales adversos (v.g. ansiedad anticipadora antes de una batalla o la atenuación de una fobia social en una festividad), también se han utilizado para aliviar malestares físicos (v.g., dolor, diarrea, males respiratorios), para estimular el funcionamiento y la ejecución de una tarea a pesar de la fatiga o el aburrimiento; y para sustraerse de la rutina diaria. En el ámbito social, también hay una serie de justificaciones a la utilización de sustancias psicoactivas. El alcohol, por ejemplo, es utilizado en diversas ceremonias religiosas tanto en el judaísmo como en el catolicismo. En algunas ceremonias de matrimonios hindú se acostumbra la utilización de opio, lo mismo ocurre con que el peyote y el tabaco salvaje que son aun utilizados por algunos pueblos mesoamericanos.
Registros históricos del uso del alcohol, el opio y otras sustancias psicoactivas aparecen en escritos tempranos de culturas como las que habitaron en Egipto y China. El uso de sustancias psicotrópicas está bien documentado en las culturas americanas (Maya, Azteca e Inca). En la edad media, una forma de hospitalidad, en algunas regiones era la de ofrecer alcohol, opio y otras sustancias psicodislépticas.
     En los últimos dos siglos, los avances técnicos, comerciales y políticos, modificaron el tipo, costo, manera de administrarse y disponibilidad de las drogas psicoactivas.  Al hacerse más fácil el transporte de mercancía, esto permitió la mayor distribución de drogas a lo largo y ancho del mundo. En el siglo XIX, el desarrollo de la administración parenteral de los medicamentos (inyectados), con fines terapéuticos, hizo que también esta vía fuera empleada para la administración de sustancias psicoactivas. Al mismo tiempo la purificación y síntesis de principios activos de plantas con propiedades psicotrópicas hizo que se contara con productos más potentes y más fáciles de introducir ilegalmente. Inclusive los aspectos históricos y culturales han influenciado en los aspectos farmacocinéticos y farmacodinámicos, así como la farmacología de estas sustancias ha afectado su historia y sus usos tradicionales. Un ejemplo de lo anterior lo constituye la reacción de tipo hipertensiva (enrojecimiento facial, sensación de bochorno, cefalea intensa, nausea, vómito), que se observa entre algunos orientales y nativos americanos con la utilización del alcohol. A esta reacción también se le denomina reacción tipo "Antabuse", porqué es similar a la que se observa cuando se administra el disulfiram (Antabuse(R)) y el paciente ingiere bebidas alcohólicas, simultáneamente. En las gentes asiáticas, este tipo de respuesta hacia el alcohol hace que las personas dejen de beber y que culturalmente el alcohol no se vea favorecido. Mientras que en EUA, el segundo grupo étnico que bebe alcohol es el de los indios americanos, a pesar de que estos presenten también la reacción tipo "Antabuse". Sólo que estos últimos soportan este tipo de reacciones y siguen bebiendo con el objeto de experimentar otros aspectos de la intoxicación etílica, el soportar estos efectos tóxico es visto como una hecho de hombría y además como una manera de avanzar hacia estados de euforia y bienestar.
El patrón característico del consumo de las sustancias psicoactivas, era episódico en el pasado y se observaba en tiempo de celebraciones personales o en celebraciones estaciónales. Una de las consecuencias del avance tecnológico en nuestra civilización, ha sido el uso epidémico o de tipo endémico de larga duración de una serie de sustancias psicoactivas.

ASPECTOS CONDUCTUALES DEL ABUSO DE DROGAS.

      En los ultimo años la investigación sobre adicciones y el abuso de las drogas ha reformulado sus paradigmas conductuales. En el nuevo paradigma se ve a la CONDUCTA DE BÚSQUEDA DE LA DROGA, como el principal factor que es además común a todas las adicciones, en contraste a los modelos previos que colocaban al síndrome de supresión y a los fenómenos de tolerancia como los eventos claves para la explicación de las adicciones, pero que a fin de cuentas sólo explicaban las adicciones de un tipo restringido de drogas.
En la figura 1, se observan los cuatro eventos que tienen influencia en la conducta de búsqueda de una droga: (1) Efectos reforzadores positivos de una droga; (2) Efectos de una droga como estimulo a discriminar; (3) Estímulos que condicionan los efectos de una droga y (4) Efectos nocivos de una droga. Los primeros tres eventos promueven el patrón de adicción de una sustancia, mientras que el último lo evita.









(1) El papel de una droga como reforzador. La habilidad de una sustancia para servir como reforzador positivo, es el requerimiento mínimo para que el organismo mantenga una conducta de búsqueda de la droga. En estudios con recompensa convencionales, por ejemplo un animal privado de comida, es colocado en una caja especial, en donde existe una palanca que proporcionará comida, cuando la luz se encuentre encendida. La comida será identificada como el reforzador positivo. En estudios con reforzadores farmacológicos, la droga será el evento reforzador positivo que sigue a la manipulación de la palanca. En estudios de auto-administración de sustancias, en donde la droga sirve como reforzador de una conducta, en vez de la comida se pueden utilizar catéteres, implantados en venas o mediante métodos no invasivos, en donde el animal puede recibir la droga oralmente (v.gr. en solución de agua endulzada para su ingesta oral). En estos estudios se ha observado, que muchas drogas que son adictivas en los humanos, sirven como estímulos reforzadores primarios en animales de laboratorio. Estas drogas incluyen: estimulantes como la cocaína, el opio y analgésicos opioides, anestésicos disociativo como la fenciclidina, barbituratos, benzodiacepinas, etanol, nicotina y algunos solventes volátiles. Las principales excepciones son la cannabis y sus derivados así como el LSD (dietil amina del ácido lisérgico) y otros alucinógenos clásicos. Por otro lado las drogas no adictivas, no proporcionan una respuesta positiva.  De una droga, en este contexto, se dice que "sirve" como reforzador positivo más que sea en sí un reforzador positivo, ya que hay otros factores que le dan tal calidad, a la sustancia en cuestión. Una droga que sirve como reforzador primario, en ciertas circunstancias puede no ser efectiva en otras circunstancias, como la dosis, las condiciones prevalecientes de acceso, la historia o los antecedentes personales del individuo, con respecto a la droga, son todos eventos que pueden modificar la respuesta a una droga. En experimentos en los cuales se condiciona el lugar de preferencia, diferentes ambientes son presentados a los animales experimentales. En uno se les administra una droga y en el otro se administra una sustancia inerte, Los ambientes difieren en estímulos visuales. Después de varios ensayos, se les permite a los sujetos un acceso libre a los compartimentos y el sujeto seleccionara aquel en el que simultáneamente se le administro la droga adictiva.

(2) El papel de la droga como estímulo discriminador. En estudios en los cuales se presentan las recompensas y estímulos claves, un animal es colocado en una cámara de prueba, en donde al accionar una palanca se le sirve comida. Si la administración de comida solo ocurre cuando hay una luz encendida en la cámara y no cuando esta se encuentra apagada, entonces la luz se establece como el estímulo discriminador. En los estudios en los que la droga actúa como un estímulo discriminador, se hace que el animal obtenga comida después de la inyección de una droga o un vehículo. Después de un cierto tiempo los animales aprenden a discriminar el estímulo de la droga adictiva con una confiabilidad mayor al 90 %. Casi todas las drogas adictivas presentan esta propiedad sobre los animales experimentales. Sin embargo la habilidad de un animal para discriminar de una droga no indica necesariamente que esta es adictiva, ya que podemos encontrar ejemplos de drogas que por el contrario produzcan dolor u otra situación displacentera y que el animal aprende a distinguir.  Sin embargo como en los seres humanos el abuso de las drogas psicotróficas se supone es por sus efectos subjetivos, este modelo de discriminación entre diferentes sustancias por un animal, al parecer, es lo más cercano a lo que ocurre con los seres humanos. Por otro lado la administración de una droga desencadenará la conducta de búsqueda de la misma, ya que el animal ha estado en contacto con el estímulo que él reconoce como reforzador primario.
(3) Estímulos que condicionan los efectos de una droga. Los estímulos medio ambientales pueden estar asociados con los efectos de una droga mediante mecanismos de condicionamiento clásico. Asociando estímulos medioambientales con los efectos de una droga o con sus síndromes de supresión se puede modificar profundamente el estímulo primario reforzador de una droga así como la conducta de búsqueda de la droga. Esta área, ha tenido una influencia muy importante, ya que ha permito desarrollar aspectos teóricos sobre la tolerancia, el síndrome de supresión, respuesta a exposiciones previas a la droga, así como el estudio del medio ambiente sobre el cual se desarrolla el consumo de una droga. Por ejemplo en el caso del tabaco, no es solo el efecto de la nicotina lo que explica la adicción, existen factores asociados como el sabor, el olfato, el fumar con otras personas, inclusive el utilizar otras drogas simultáneamente como el alcohol o la cafeína. Existen evidencias de estudios con cocainómanos, por ejemplo, en donde la utilización simultánea de tabaco, amplifica el efecto placentero de la cocaína, y de otras drogas estimulantes. Esto explicaría en parte las poli-adicciones, comunes de observar en la práctica clínica.

(4) Efectos adversos de las drogas. Los estímulos nocivos de una droga inducen una conducta que tiende a alejar a ese organismo de su consumo. Esto se puede dar mediante dos mecanismos: reforzamiento negativo o castigo, ambos contextualizados en los mecanismos del condicionamiento clásico. En trabajos del grupo de la Dra. Nora Volkow, se ha evidenciado, que sujetos normales, con un aumento en la densidad de receptores D2 dopaminérgicos, la administración de estimulantes del tipo de la cocaína o metilfenidato, producen reacciones displacenteras, como ansiedad extrema, y esto lleva a que los sujetos eviten el utilizar estimulantes del SNC, mientras que otro grupo de voluntarios, con una densidad baja de los receptores dopaminérgicos D2, al recibir estimulantes, presentaron un efecto placentero. Este trabajo, es significativo, ya que nos indica que el uso de drogas, y la preferencia que se tenga a ellas, no es al azar, sino que existe una vulnerabilidad o  labilidad al empleo de las mismas.

NEUROBIOLOGÍA DE LOS SISTEMAS DE RECOMPENSA

Las drogas de abuso son unos reforzadores muy potentes, esto se logra por una serie de mecanismos. La presencia de propiedades hedónicas y la especificidad neurofarmacológica de las drogas proporcionan un medio altamente específico para el estudio de la neuroanatomía y neurofarmacología del sistema cerebral de la recompensa. Se han propuesto varios sistemas de neurotransmisores en estos mecanismos: dopamina, péptidos opioides, serotonina, norepinefrina, GABA, y algunos neuropéptidos. A niveles neuroanatómico se proponen circuitos que involucran áreas del mesencéfalo, cerebro anterior y circuitos extrapiramidales. En general se propone que el sistema de recompensa cerebral tiene diferentes bases neuroanatómicas y neuroquímicas que pueden tener elementos en común. Este efecto se observa preferentemente en la región en done Olds y Milner, describieron que la estimulación eléctrica es capas de producir, una respuesta operante, de auto-estimulación, en donde el animal, se mantenía auto estimulándose, con una palanca, que cerraba el circuito y que le producía placer, capaz de rehusar a alimentarse e inclusive tener actividad sexual. A este fenómeno se le llamó “auto estimulación craneal”. Las drogas adictivas, y la estimulación eléctrica, activan el mismo circuito de recompensa. Virtualmente todas las drogas adictivas, producen activación de este sistema cerebral de recompensa: anfetaminas, cocaína, opiaceos, nicotina, fenciclidina, ketamina, canabinoides, benzodiacepinas, barbitúricos y etanol.
Dos grandes sistemas dopaminérgicos que se originan en la porción ventral del mesencéfalo: el sistema nigroestrial y el sistema mesocorticolímbico han sido propuesto como las vías de los mecanismos de recompensa.



     La dopamina también parece tener un papel relevante en los mecanismos de recompensa del etanol. Agentes antagonistas dopaminérgicos reducen el número de presiones de la palanca, para que las ratas se auto administren etanol, al mismo tiempo que reducen la cantidad de etanol que se consume en la caja del animal. Dosis bajas de etanol estimulan la actividad locomotora de ciertas cepas de ratas, y produce un aumento marcado en la dopamina extracelular del núcleo Accumbens.

MECANISMOS QUE INVOLUCRAN A LOS PÉPTIDOS OPIOIDES.

Los péptidos opioides modifican la conducta consumatoria en algunos animales, cuando se inyectan intracerebralmente, los péptidos opioides pueden inducir conductas de ingesta de líquidos o de alimentos, mientras que la administración de antagonistas revierten o reducen tales conductas. Los opioides tienen propiedades que estimulan los sistemas de recompensa, por ejemplo, la inyección de estas sustancias en el núcleo Accumbens da como resultado, un aumento de la estimulación intracraneal. Otras regiones en donde se ha visto el papel de recompensa de estos péptidos opioides son algunas zonas del hipocampo y el hipotálamo.
Los opioides (v.g. heroína) tienen una inducción muy rápida a la conducta de autoadministación en animales experimentales. De los diferentes subtipos de receptores opioides, los receptores µ, son los que al parecer juegan un papel relevante en los mecanismos de reforzamiento. Sustancias agonistas de estos receptores producen una disminución dosis dependiente, en la auto-administración de heroína, mientras que cuando se administran los antagonistas de dicho receptor µ, hay un aumento en la auto-administración. Sin embargo los receptores delta-opioides, parecen tener un papel importante también en algunos aspectos motores, que a su vez tienen una correlato con el sistema dopaminérgico. La vinculación entre dopamina y péptidos opioides parece ser estrecha, principalmente en este tipo de mecanismos de recompensa. La administración de opioides induce un aumento en la liberación de dopamina en el núcleo Accumbens, medido "in vivo", en animales despiertos y en libre movimiento. Sin embargo también hay evidencias experimentales de que el efecto de tipo reforzador de los péptidos opioides es independiente de su interacción con dopamina.
El sistema Gabaérgico y las adicciones.  Este es el neurotransmisor inhibitorio mas ampliamente distribuido en el sistema nervioso central. Los receptores GABA-A han sido involucrados en los mecanismos en donde se mezclan la acción sedativa y ansiolítica. Los agentes antagonistas de los receptores GABA-A bloquean el efecto anticonflicto, mientras que los agonistas potencia dicho efecto. Los agonistas inversos GABA tiene propiedades ansiogénicas tanto en modelos animales como en seres humanos. Estos resultados sugieren que el estado de los receptores GABA-A pueden determinar los niveles de estrés endógeno.
Todo lo anteriormente expuesto puede ser resumido en un circuito que se ha denominado el circuito de la recompensa. Este conecta elementos del cerebro medio, con la porción anterior de hipotálamo, este fascículo se le ha denominado clásicamente como el fascículo medio del cerebro anterior, compuesto por fibras mielinizadas que conectan el tubérculo olfatorio, la banda diagonal de Broca, el septum , núcleo Accumbens y al hipotálamo.

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