ADDICCIÓN A LAS DROGAS (PRIMERA PARTE)
TRASTORNOS POR ABUSO Y DEPENDENCIA DE SUSTANCIAS (primera parte)
La
utilización de sustancias que modifican nuestra manera de percibir, de
reaccionar y de pensar es muy antiguo. Sin embargo se utilizaron muy a menudo
con fines religiosos, adivinatorios, y como sustancias productoras de placer.
Solo hasta hace un par de siglos, el abuso de estas sustancias se ha
transformado en una epidemia. Como ejemplos de lo que he mencionado
anteriormente estarían los ritos de Eleusis en Grecia, en donde se ingería un
brebaje que contenía, entre otras plantas el cornezuelo de centeno, el cual
libera sustancias psicoactivas y pone a los sujetos en trance alucinatorio, con
lo cual se pensaba que se había accedido al Olimpo. En nuestro país son
equivalentes las ceremonias que hacen los chamanes, con hongos, mezcalina,
peyote, alcohol y hasta tabaco salvaje, en donde la base del evento es el
mismo, es decir, el generar
alucinaciones y un estado eufórico con elementos psicoactivos.
En la
mayoría de los países se ha observado un aumento en el consumo de sustancias de
las cuales se crea una dependencia. Algunas de ellas son de fácil
disponibilidad como el alcohol y la nicotina. Otras requieren de prescripción
médica como las benzodiacepinas y anfetaminas; finalmente hay otras sustancias
que requieren de la venta ilegal de las mismas, lo cual implica ingresar a una sub-cultura especial, drogas
como la mariguana, heroína, cocaína, éxtasis, y algunas otras están en este
nivel.
Independientemente de los aspectos biológicos
de estas sustancias y tan importantes como estos están las implicaciones
sociales. Estas últimas de hecho, marcan gran parte de la estigmatización del
usuario de estas drogas como “vicioso”, “drogadicto”, “marginales”. Cuando era
estudiante de medicina, me tocó realizar unas prácticas en un Servicio de
Urgencias, recuerdo que en una camilla estaba un hombre, campesino, como de 60 años, que se estremecía como con
un escalofrío, al mismo tiempo que sudaba copiosamente. Estaba sujeto por unas
correas de cuero a la camilla y murmuraba cosas, que no se escuchaban. Los ojos
muy abiertos, miraban hacia la pared de enfrente. Cuando me acerque a tratar de
oír que decía, uno de los residentes me hizo una seña de que me alejara. Le
pregunte a ese médico, que era lo que tenía el campesino, y el galeno me
contestó burlonamente: “ese lo que necesita es una botella de mezcal, con eso
se la curaría”. Pasaron muchas horas para que le dieran atención médica al
paciente, pero ese episodio, de un estado de supresión a alcohol, se me ha
quedado muy claro, como un ejemplo de la visión distorsionada de la sociedad
respecto a las drogadicciones.
Una droga
es cualquier sustancia que ingresa a nuestro cuerpo y modifica su funcionamiento.
Por ejemplo el ácido acetil salicílico (aspirina), es una sustancia que
modifica nuestra percepción al dolor, al mismo tiempo que ayuda a reducir la
inflamación y disminuye la temperatura corporal. La aspirina es una droga, como
lo es la penicilina, los anticonceptivos y los medicamentos para la gripe. Sin
embargo en el ámbito popular, el término droga, se ha reservado para las
sustancias que además de producir un cambio en el funcionamiento de nuestro
cuerpo, nos producen una dependencia, es decir, una necesidad imperiosa para
buscarlas y consumirlas.
¿Qué hace
que una sustancia produzca dependencia y otra no? Al parecer la mayoría de las
llamadas drogas adictivas producen cambios en las células de que está compuesto
nuestro cerebro, es decir las neuronas.
En estas células hay unos sitios llamados receptores, en donde actúan las
drogas adictivas, y en donde estas, modifican el funcionamiento de las
neuronas, al hacerlo hay un acomodo o adaptación de la actividad de las células
nerviosas, que por decirlo de alguna manera “se acostumbran” a trabajar con las
drogas adictivas. Al disminuir los niveles de estas sustancias adictivas, se
desencadena lo que se denomina un “Estado de Supresión”, casi siempre una serie
de malestares físicos y psicológicos, que llevan al paciente a buscar alivio
consumiendo nuevamente la droga adictiva, y de esta manera se crea,
literalmente un círculo vicioso.
Algunas personas utilizan mas de dos drogas adictivas, con lo cual se
potencia sus efectos deletéreos sobre la salud. Por ejemplo es común que los
pacientes adictos a la cocaína, sean adictos también al alcohol y que además
fumen (adicción a la nicotina). En nuestro cerebro tenemos una serie de
estructuras que se activan cuando estamos disfrutando o teniendo placer con
alguna actividad, por ejemplo escuchando la 9ª Sinfonía de Beethoven; viendo
una película de Andrei Tarkovsy; o leyendo los poemas de Jaime Sabines. También
se activa cuando hacemos el amor y cuando frente un atardecer, en las costas de
Mazatlán vemos ponerse el sol. Este mismo conjunto de fibras y neuronas se
activa cuando se administran las drogas adictivas, liberándose una sustancia
llamada dopamina. Está ultima es la encargada de comunicar al resto de las
neuronas, mediante una onda de excitación que los que se está haciendo o
empleando produce placer. Sin embargo cuando este estimulo químico
externo, es el de administrarse drogas
adictivas, que se repite continuamente,
el efecto sobre la liberación de dopamina disminuye y con ello el efecto
euforizante o placentero, entonces el usuario de drogas adictivas aumenta la
dosis, para lograr un efecto similar de bienestar, esto se repite varias veces,
aumentando en cada ocasión la cantidad de la sustancia adictiva. A este
fenómeno se le llama TOLERANCIA, que quiere decir que el paciente tolera ahora
una cantidad de sustancia adictiva, que administrada a una persona sin abuso de
ella, le puede provocar cambios severos e incluso la muerte.
La
suspensión brusca de la administración de una droga, o cuando las necesidades
metabólicas a la sustancia adictiva cambian (por ejemplo se elimina la droga
más rápido por diarrea o fiebre), se
presenta un ESTADO DE SUPRESIÓN, este se caracteriza por una serie de manifestaciones
clínicas, exactamente opuestas a las que se observaban cuando se consumía la
droga. Por ejemplo, si se era usuario de anfetaminas, las cuales producen un
aumento de la atención, aceleramiento de la actividad física y mental, además
de aumento de la capacidad para permanecer mas tiempo despierto; cuando se
suspende su administración, la persona presenta cansancio, somnolencia e
inclusive datos clínicos de depresión.
Una
sustancia adictiva es capaz de producir cambios diversos, a continuación
enumero algunos de ellos:
1. Intoxicación. Esto se
produce por la administración aguda de una sustancia en cantidades
considerables, aunque esto puede variar en relación con ciertas características
de la persona, y si el consumo es frecuente o aislado. Por ejemplo, con el
alcohol, hay gente que se intoxica con cantidades muy bajas, e incluso llega a
tener la llamada “Embriaguez Patológica”, en donde con una o dos copas de
alcohol, la persona desarrolla un estado de exaltación, agresividad e inclusive
hay amnesia a este episodio (falta de memoria o “laguna mental”). En el caso de
los sedantes del sistema nervioso, como el alcohol, barbitúricos y algunas
benzodiacepinas, la persona intoxicada presenta lenguaje lento, problemas de
equilibrio, marcha titubeante, lentitud en general y somnolencia. En el caso de
drogas estimulantes como la cocaína o anfetaminas, hay un estado de
aceleramiento, tanto en el lenguaje como en los movimientos físicos, puede
haber irritabilidad, enojo y de un momento al otro pasar a la euforia. En el
caso de la mariguana, la intoxicación, va acompañada de movimientos lentos,
risas inmotivadas, y pueden aparecer actitudes de aumento de la atención
selectiva a ciertos objetos, que hace aparecer a los sujetos como si estuvieran
alucinando.
2. Estado
de Supresión. Esta es una alteración específica, que se presenta
cuando se interrumpe o se reduce la administración de alguna droga adictiva, o
cuando aumenta la demanda de ella, por alguna enfermedad de la persona que las
consume. El síndrome de supresión del alcohol, por ejemplo se acompaña de
temblor de manos y lengua, ataque al estado general, nausea, vómito,
taquicardia (aumento de la frecuencia cardiaca), debilidad, sudación,
aumenta la presión arterial, ansiedad y
si hay obnubilación de la conciencia, es decir confusión mental, en donde el
paciente no reconoce fácilmente a quien le rodea, o que tenga fenómenos
alucinatorios, entonces se le conoce como Delirium Tremens. En el caso de los
opioides (heroína, codeína) encontramos
que el estado de supresión se acompaña de lagrimeo, salivación excesiva,
rinorrea (salida de mucosidad transparente por nariz), dilatación pupilar,
bostezos, erección del vello y cabellos (piloerección), taquicardia, fiebre e
insomnio. En el caso de los estimulantes (cocaína y anfetaminas), se observa
estado de ánimo deprimido, fatiga, sueño intranquilo y pesadillas.
3. Abuso de
una sustancia. Esto involucra un patrón no adaptativo, en donde se presentan las
siguientes conductas: falla en el cumplimiento de obligaciones laborales,
escolares o en el hogar, debido al abuso de la sustancia. Colocarse en
situaciones de peligro personal o legal, para conseguir la sustancia de abuso;
continuar en el uso de la sustancia a pesar de problemas de salud, legales e
interpersonales.
4. Dependencia a una sustancia. En esta
modalidad, ya hay estados de supresión que son “controlados” por la
administración de pequeñas cantidades de la sustancia adictiva. Por ejemplo,
una persona con dependencia al alcohol, no necesariamente esta intoxicado todo
el tiempo, pero tiene que estar consumiendo pequeñas cantidades de alcohol.
También hay un aumento en la tolerancia
a los efectos de la sustancia adictiva; incapacidad para poder tener
control en la sustancia utilizada, es decir no puede dejar de utilizar la sustancia con la mera voluntad, por lo menos no es
fácil, ya que tendrá que atravesar por un síndrome de supresión, cambiar su
estilo de vida, y generar una nueva concepción de lo que quiere en su vida .
5. Desarrollo
de alteraciones psiquiátricas. Si bien la adicción a las drogas es
una alteración psiquiátrica por si misma, el uso de sustancias adictivas puede
llevar a estados de depresión mayor, de ansiedad severa, y psicosis (pérdida
del juicio de realidad). Por ejemplo el empleo de cocaína o anfetaminas puede
dar como resultado un cuadro clínico de psicosis (por ejemplo: psicosis
paranoide) muy parecido a la esquizofrenia. Además de estas alteraciones psiquiátricas el uso de
sustancias adictivas puede llevar a que las personas se involucren mas
fácilmente en actividades de alto riesgo: manejar alcoholizados o intoxicados,
promiscuidad sexual sin protección; uso de jeringas compartidas; accidentes y
peleas.
El
problema de las adicciones es uno de los más importantes de nuestros tiempos.
No solo porque se presente el consumo de sustancias que modifican la conducta,
ya que esto tiene tiempo que ocurre en nuestro planeta (aunque los adolescentes
de cada época piensan que ellos inventaron el consumo de las drogas), sino las
dimensiones a las que ha llegado el problema, en donde se ha transformado de un
problema individual, a situaciones más complejas, que involucran la
distribución, y tráfico de drogas, que impactan a la sociedad en su conjunto.
Las adicciones como problema médico, se han reconocido hasta hace relativamente
poco tiempo. No es de extrañarse que entre la población en general, no se tenga
una clara conciencia de qué se tiene una adicción, por ejemplo al alcohol o a
la nicotina, ya que son drogas legales, y en donde el consumo de las mismas es
promovido por una parte de la misma población, directa o indirectamente. En
Estados Unidos de América, por ejemplo, se tienen buenas evidencias para
afirmar, que sólo el 20 % de la población de adictos recibe tratamiento.
Las aproximaciones biológicas al problema de las
adicciones también han sido diversas, algunas de ellas son: marcadores
genéticos, alteraciones en los neurotransmisores, receptores, neuropéptidos,
modelos animales, con técnicas de imágenes cerebrales (ya sea con técnicas de
medición de flujo sanguíneo o con mapeo computarizado del encéfalo, resonancia
magnética funcional). En este capítulo trataré de presentar un panorama amplio
de las adicciones, enfocándome a algunas en particular por sus implicaciones
académicas y de prevalencia.
ASPECTOS HISTÓRICOS Y CONTEXTO SOCIAL DEL USO DE
SUSTANCIAS ADICTIVAS.
Las sustancias adictivas se han utilizado en todas
las culturas a lo largo de la historia (y prehistoria) de la humanidad. Este
consumo tiene una serie de funciones. En el ámbito individual esto lleva al
alivio de estados mentales y emocionales adversos (v.g. ansiedad anticipadora
antes de una batalla o la atenuación de una fobia social en una festividad),
también se han utilizado para aliviar malestares físicos (v.g., dolor, diarrea,
males respiratorios), para estimular el funcionamiento y la ejecución de una
tarea a pesar de la fatiga o el aburrimiento; y para sustraerse de la rutina
diaria. En el ámbito social, también hay una serie de justificaciones a la
utilización de sustancias psicoactivas. El alcohol, por ejemplo, es utilizado
en diversas ceremonias religiosas tanto en el judaísmo como en el catolicismo.
En algunas ceremonias de matrimonios hindú se acostumbra la utilización de
opio, lo mismo ocurre con que el peyote y el tabaco salvaje que son aun
utilizados por algunos pueblos mesoamericanos.
Registros históricos del uso del alcohol, el opio y
otras sustancias psicoactivas aparecen en escritos tempranos de culturas como
las que habitaron en Egipto y China. El uso de sustancias psicotrópicas está
bien documentado en las culturas americanas (Maya, Azteca e Inca). En la edad
media, una forma de hospitalidad, en algunas regiones era la de ofrecer
alcohol, opio y otras sustancias psicodislépticas.
En los
últimos dos siglos, los avances técnicos, comerciales y políticos, modificaron
el tipo, costo, manera de administrarse y disponibilidad de las drogas
psicoactivas. Al hacerse más fácil el
transporte de mercancía, esto permitió la mayor distribución de drogas a lo
largo y ancho del mundo. En el siglo XIX, el desarrollo de la administración
parenteral de los medicamentos (inyectados), con fines terapéuticos, hizo que
también esta vía fuera empleada para la administración de sustancias psicoactivas.
Al mismo tiempo la purificación y síntesis de principios activos de plantas con
propiedades psicotrópicas hizo que se contara con productos más potentes y más
fáciles de introducir ilegalmente. Inclusive los aspectos históricos y
culturales han influenciado en los aspectos farmacocinéticos y
farmacodinámicos, así como la farmacología de estas sustancias ha afectado su
historia y sus usos tradicionales. Un ejemplo de lo anterior lo constituye la
reacción de tipo hipertensiva (enrojecimiento facial, sensación de bochorno,
cefalea intensa, nausea, vómito), que se observa entre algunos orientales y
nativos americanos con la utilización del alcohol. A esta reacción también se
le denomina reacción tipo "Antabuse", porqué es similar a la que se
observa cuando se administra el disulfiram (Antabuse(R)) y el
paciente ingiere bebidas alcohólicas, simultáneamente. En las gentes asiáticas,
este tipo de respuesta hacia el alcohol hace que las personas dejen de beber y
que culturalmente el alcohol no se vea favorecido. Mientras que en EUA, el
segundo grupo étnico que bebe alcohol es el de los indios americanos, a pesar
de que estos presenten también la reacción tipo "Antabuse". Sólo que
estos últimos soportan este tipo de reacciones y siguen bebiendo con el objeto
de experimentar otros aspectos de la intoxicación etílica, el soportar estos
efectos tóxico es visto como una hecho de hombría y además como una manera de
avanzar hacia estados de euforia y bienestar.
El patrón característico del consumo de las
sustancias psicoactivas, era episódico en el pasado y se observaba en tiempo de
celebraciones personales o en celebraciones estaciónales. Una de las
consecuencias del avance tecnológico en nuestra civilización, ha sido el uso
epidémico o de tipo endémico de larga duración de una serie de sustancias
psicoactivas.
ASPECTOS CONDUCTUALES DEL ABUSO DE DROGAS.
En los
ultimo años la investigación sobre adicciones y el abuso de las drogas ha
reformulado sus paradigmas conductuales. En el nuevo paradigma se ve a la
CONDUCTA DE BÚSQUEDA DE LA DROGA, como el principal factor que es además común
a todas las adicciones, en contraste a los modelos previos que colocaban al
síndrome de supresión y a los fenómenos de tolerancia como los eventos claves
para la explicación de las adicciones, pero que a fin de cuentas sólo explicaban
las adicciones de un tipo restringido de drogas.
En la figura 1, se observan los cuatro eventos que
tienen influencia en la conducta de búsqueda de una droga: (1) Efectos
reforzadores positivos de una droga; (2) Efectos de una droga como estimulo a
discriminar; (3) Estímulos que condicionan los efectos de una droga y (4)
Efectos nocivos de una droga. Los primeros tres eventos promueven el patrón de
adicción de una sustancia, mientras que el último lo evita.
(1) El papel de una droga como reforzador. La
habilidad de una sustancia para servir como reforzador positivo, es el
requerimiento mínimo para que el organismo mantenga una conducta de búsqueda de
la droga. En estudios con recompensa convencionales, por ejemplo un animal
privado de comida, es colocado en una caja especial, en donde existe una
palanca que proporcionará comida, cuando la luz se encuentre encendida. La
comida será identificada como el reforzador positivo. En estudios con
reforzadores farmacológicos, la droga será el evento reforzador positivo que
sigue a la manipulación de la palanca. En estudios de auto-administración de
sustancias, en donde la droga sirve como reforzador de una conducta, en vez de
la comida se pueden utilizar catéteres, implantados en venas o mediante métodos
no invasivos, en donde el animal puede recibir la droga oralmente (v.gr. en
solución de agua endulzada para su ingesta oral). En estos estudios se ha
observado, que muchas drogas que son adictivas en los humanos, sirven como
estímulos reforzadores primarios en animales de laboratorio. Estas drogas
incluyen: estimulantes como la cocaína, el opio y analgésicos opioides,
anestésicos disociativo como la fenciclidina, barbituratos, benzodiacepinas,
etanol, nicotina y algunos solventes volátiles. Las principales excepciones son
la cannabis y sus derivados así como el LSD (dietil amina del ácido lisérgico)
y otros alucinógenos clásicos. Por otro lado las drogas no adictivas, no
proporcionan una respuesta positiva. De
una droga, en este contexto, se dice que "sirve" como reforzador
positivo más que sea en sí un reforzador positivo, ya que hay otros factores
que le dan tal calidad, a la sustancia en cuestión. Una droga que sirve como
reforzador primario, en ciertas circunstancias puede no ser efectiva en otras
circunstancias, como la dosis, las condiciones prevalecientes de acceso, la
historia o los antecedentes personales del individuo, con respecto a la droga,
son todos eventos que pueden modificar la respuesta a una droga. En experimentos
en los cuales se condiciona el lugar de preferencia, diferentes ambientes son
presentados a los animales experimentales. En uno se les administra una droga y
en el otro se administra una sustancia inerte, Los ambientes difieren en
estímulos visuales. Después de varios ensayos, se les permite a los sujetos un
acceso libre a los compartimentos y el sujeto seleccionara aquel en el que
simultáneamente se le administro la droga adictiva.
(2) El papel de la droga como estímulo discriminador.
En estudios en los cuales se presentan las recompensas y estímulos claves, un
animal es colocado en una cámara de prueba, en donde al accionar una palanca se
le sirve comida. Si la administración de comida solo ocurre cuando hay una luz
encendida en la cámara y no cuando esta se encuentra apagada, entonces la luz
se establece como el estímulo discriminador. En los estudios en los que la
droga actúa como un estímulo discriminador, se hace que el animal obtenga
comida después de la inyección de una droga o un vehículo. Después de un cierto
tiempo los animales aprenden a discriminar el estímulo de la droga adictiva con
una confiabilidad mayor al 90 %. Casi todas las drogas adictivas presentan esta
propiedad sobre los animales experimentales. Sin embargo la habilidad de un
animal para discriminar de una droga no indica necesariamente que esta es
adictiva, ya que podemos encontrar ejemplos de drogas que por el contrario
produzcan dolor u otra situación displacentera y que el animal aprende a
distinguir. Sin embargo como en los
seres humanos el abuso de las drogas psicotróficas se supone es por sus efectos
subjetivos, este modelo de discriminación entre diferentes sustancias por un
animal, al parecer, es lo más cercano a lo que ocurre con los seres humanos.
Por otro lado la administración de una droga desencadenará la conducta de
búsqueda de la misma, ya que el animal ha estado en contacto con el estímulo
que él reconoce como reforzador primario.
(3) Estímulos que condicionan los efectos de una
droga. Los estímulos medio ambientales pueden estar asociados con los efectos
de una droga mediante mecanismos de condicionamiento clásico. Asociando
estímulos medioambientales con los efectos de una droga o con sus síndromes de
supresión se puede modificar profundamente el estímulo primario reforzador de
una droga así como la conducta de búsqueda de la droga. Esta área, ha tenido
una influencia muy importante, ya que ha permito desarrollar aspectos teóricos sobre
la tolerancia, el síndrome de supresión, respuesta a exposiciones previas a la
droga, así como el estudio del medio ambiente sobre el cual se desarrolla el
consumo de una droga. Por ejemplo en el caso del tabaco, no es solo el efecto
de la nicotina lo que explica la adicción, existen factores asociados como el
sabor, el olfato, el fumar con otras personas, inclusive el utilizar otras
drogas simultáneamente como el alcohol o la cafeína. Existen evidencias de
estudios con cocainómanos, por ejemplo, en donde la utilización simultánea de
tabaco, amplifica el efecto placentero de la cocaína, y de otras drogas
estimulantes. Esto explicaría en parte las poli-adicciones, comunes de observar
en la práctica clínica.
(4) Efectos adversos de las drogas. Los estímulos
nocivos de una droga inducen una conducta que tiende a alejar a ese organismo
de su consumo. Esto se puede dar mediante dos mecanismos: reforzamiento
negativo o castigo, ambos contextualizados en los mecanismos del
condicionamiento clásico. En trabajos del grupo de la Dra. Nora Volkow, se ha
evidenciado, que sujetos normales, con un aumento en la densidad de receptores
D2 dopaminérgicos, la administración de estimulantes del tipo de la cocaína o
metilfenidato, producen reacciones displacenteras, como ansiedad extrema, y
esto lleva a que los sujetos eviten el utilizar estimulantes del SNC, mientras
que otro grupo de voluntarios, con una densidad baja de los receptores
dopaminérgicos D2, al recibir estimulantes, presentaron un efecto placentero.
Este trabajo, es significativo, ya que nos indica que el uso de drogas, y la
preferencia que se tenga a ellas, no es al azar, sino que existe una
vulnerabilidad o labilidad al empleo de
las mismas.
NEUROBIOLOGÍA DE LOS SISTEMAS DE RECOMPENSA
Las drogas de abuso son unos reforzadores muy
potentes, esto se logra por una serie de mecanismos. La presencia de
propiedades hedónicas y la especificidad neurofarmacológica de las drogas
proporcionan un medio altamente específico para el estudio de la neuroanatomía
y neurofarmacología del sistema cerebral de la recompensa. Se han propuesto
varios sistemas de neurotransmisores en estos mecanismos: dopamina, péptidos
opioides, serotonina, norepinefrina, GABA, y algunos neuropéptidos. A niveles
neuroanatómico se proponen circuitos que involucran áreas del mesencéfalo,
cerebro anterior y circuitos extrapiramidales. En general se propone que el
sistema de recompensa cerebral tiene diferentes bases neuroanatómicas y
neuroquímicas que pueden tener elementos en común. Este efecto se observa
preferentemente en la región en done Olds y Milner, describieron que la
estimulación eléctrica es capas de producir, una respuesta operante, de
auto-estimulación, en donde el animal, se mantenía auto estimulándose, con una
palanca, que cerraba el circuito y que le producía placer, capaz de rehusar a
alimentarse e inclusive tener actividad sexual. A este fenómeno se le llamó
“auto estimulación craneal”. Las drogas adictivas, y la estimulación eléctrica,
activan el mismo circuito de recompensa. Virtualmente todas las drogas
adictivas, producen activación de este sistema cerebral de recompensa:
anfetaminas, cocaína, opiaceos, nicotina, fenciclidina, ketamina, canabinoides,
benzodiacepinas, barbitúricos y etanol.
Dos grandes sistemas dopaminérgicos que se originan
en la porción ventral del mesencéfalo: el sistema nigroestrial y el sistema
mesocorticolímbico han sido propuesto como las vías de los mecanismos de
recompensa.
La
dopamina también parece tener un papel relevante en los mecanismos de
recompensa del etanol. Agentes antagonistas dopaminérgicos reducen el número de
presiones de la palanca, para que las ratas se auto administren etanol, al
mismo tiempo que reducen la cantidad de etanol que se consume en la caja del
animal. Dosis bajas de etanol estimulan la actividad locomotora de ciertas
cepas de ratas, y produce un aumento marcado en la dopamina extracelular del
núcleo Accumbens.
MECANISMOS QUE INVOLUCRAN A LOS PÉPTIDOS OPIOIDES.
Los péptidos opioides modifican la conducta
consumatoria en algunos animales, cuando se inyectan intracerebralmente, los
péptidos opioides pueden inducir conductas de ingesta de líquidos o de
alimentos, mientras que la administración de antagonistas revierten o reducen
tales conductas. Los opioides tienen propiedades que estimulan los sistemas de
recompensa, por ejemplo, la inyección de estas sustancias en el núcleo
Accumbens da como resultado, un aumento de la estimulación intracraneal. Otras
regiones en donde se ha visto el papel de recompensa de estos péptidos opioides
son algunas zonas del hipocampo y el hipotálamo.
Los opioides (v.g. heroína) tienen una inducción muy
rápida a la conducta de autoadministación en animales experimentales. De los
diferentes subtipos de receptores opioides, los receptores µ, son los que al
parecer juegan un papel relevante en los mecanismos de reforzamiento.
Sustancias agonistas de estos receptores producen una disminución dosis
dependiente, en la auto-administración de heroína, mientras que cuando se
administran los antagonistas de dicho receptor µ, hay un aumento en la
auto-administración. Sin embargo los receptores delta-opioides, parecen tener
un papel importante también en algunos aspectos motores, que a su vez tienen
una correlato con el sistema dopaminérgico. La vinculación entre dopamina y
péptidos opioides parece ser estrecha, principalmente en este tipo de
mecanismos de recompensa. La administración de opioides induce un aumento en la
liberación de dopamina en el núcleo Accumbens, medido "in vivo", en
animales despiertos y en libre movimiento. Sin embargo también hay evidencias
experimentales de que el efecto de tipo reforzador de los péptidos opioides es
independiente de su interacción con dopamina.
El sistema Gabaérgico y las adicciones. Este es el neurotransmisor inhibitorio mas
ampliamente distribuido en el sistema nervioso central. Los receptores GABA-A
han sido involucrados en los mecanismos en donde se mezclan la acción sedativa
y ansiolítica. Los agentes antagonistas de los receptores GABA-A bloquean el
efecto anticonflicto, mientras que los agonistas potencia dicho efecto. Los
agonistas inversos GABA tiene propiedades ansiogénicas tanto en modelos
animales como en seres humanos. Estos resultados sugieren que el estado de los
receptores GABA-A pueden determinar los niveles de estrés endógeno.
Todo lo anteriormente expuesto puede ser resumido en
un circuito que se ha denominado el circuito de la recompensa. Este conecta
elementos del cerebro medio, con la porción anterior de hipotálamo, este
fascículo se le ha denominado clásicamente como el fascículo medio del cerebro
anterior, compuesto por fibras mielinizadas que conectan el tubérculo
olfatorio, la banda diagonal de Broca, el septum , núcleo Accumbens y al
hipotálamo.

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